Existe una cultura laboral que glorifica el sufrimiento por exceso de trabajo, y que está especialmente presente en ámbitos académicos.
Es habitual encontrarse con investigadores sénior que presumen de trabajar hasta la extenuación, hasta no poder más, hasta encontrarse mal. No se quejan, sino que presumen de ello como si de un gran mérito se tratara.
¿Qué les lleva a actuar así y a expresarlo de esa manera? Podríamos tener la tentación de interpretarlo simplemente en términos de ego. “Quiero que veas hasta qué punto estoy comprometido, de qué soy capaz por amor a la ciencia”, podría estar pensando el sujeto.
Y quizá haya algo de eso, pero creo que seríamos ingenuos si nos quedáramos ahí. Veamos en qué contexto se suelen transmitir estos discursos
Típicamente, un científico experimentado estaría tratando de mentalizar a sus estudiantes o postdocs de lo duro que hay que trabajar para alcanzar el éxito. Y lo hace de buena fe, porque sabe de primera mano lo competitiva que es la profesión, y que sus pupilos solo llegarán lejos si se esfuerzan lo suficiente. Para ser convicente, se pone a sí mismo como ejemplo de progreso a través del duro esfuerzo; les explica que tuvo que ganárselo con sufrimiento y a base de renuncias. De renunciar a su vida social y familiar, y en ocasiones, a su bienestar, a su salud.
En lo de la vida social y familiar no voy a entrar, porque al respecto existe una gran diversidad de necesidades y deseos personales. Pero sí quiero llamar la atención sobre la cuestión del bienestar y la salud; en concreto, de la falsa dicotomía que se halla implícita:
¿Trabajar más, o cuidase mejor?
La realidad es que no podemos renunciar a la segunda, ya que la falta de salud es incapacitante. Cualquiera que haya intentado trabajar estando un poco enfermo sabe que su eficiencia se ve fuertemente mermada. Cualquiera que haya enfermado con cierta severidad sabe que no será capaz de realizar sus tareas habituales hasta estar bien avanzada su recuperación. Y cualquiera que tenga dos dedos de frente entiende que si la salud se acaba, no solo dejas de poder trabajar, sino también de disfrutar los réditos y las satisfacciones de lo trabajado hasta ese momento.
Y es que eso de “la salud es lo primero” no es solo una frase hecha, es una norma básica de la vida que, por supuesto, también se aplica al trabajo. No tienes que elegir entre trabajo y salud; primero cuídate, y después preocúpate de trabajar. Porque si no tienes salud, lo demás ya no tiene sentido. Y los supervisores (del tipo que sea, también en la empresa privada) deberían entenderlo mejor que nadie, pues de ello depende que los proyectos salgan adelante.
¿En qué momento perdimos la visión del bienestar como valor supremo?
¿Trabajar más, o cuidarse mejor?
by
–

Leave a Reply