Ya pasó un año desde que me atreví a dar el primer paso de mi transformación profesional. Al principio daba vértigo, pero han acabado convirtiéndose en los 12 meses en que más he aprendido en toda mi vida.
O al menos, los 12 meses que más me han enriquecido personalmente y los más constructivos para mi futuro. ¿Cómo es eso posible para un cuarentón con el máximo nivel de estudios y una variada experiencia laboral en su mochila?
Precisamente esa mochila tiene mucho que ver. Un estudiante de física de 20 años puede aprender a resolver sistemas de ecuaciones diferenciales acopladas. Pero por mucho talento que tenga, aún no será capaz de extraer todo su potencial ni va a saber acoplarlo (bendita palabra) a oportunidades reales para sacarles el máximo beneficio. Eso te lo da la experiencia en el trabajo y en la vida. Y mejor si también tienes un poco de mundo.
Pasados mis 40 años, ya tenía experiencia y mundo, pero faltaba algo. O mejor dicho alguien.
Faltaba que las personas correctas me dieran un empujón. Lo hicieron, fue muy valioso, y quiero reconocérselo mencionándoles aquí.
La fortuna quiso que el verano pasado me surgiera la oportunidad de probar mi nueva faceta profesional a las órdenes de Carlos Untiedt. Durante 6 meses y pico, fui Project Manager de su Grupo de Materia Condensada, dentro del cual quiero destacar también a Carlos Sabater, ya que fue con estos dos investigadores de tan alto nivel con quienes trabajé más estrechamente.
Aquello fue una auténtica revelación. Yo pensando que lo mío era estudiar las estrellas, y resultó que la gestión de proyectos I+D se me daba mejor y hasta me divertía más. Y eso que no me habia formado específicamente para ello (aunque de forma indirecta sí, y mucho). Así se abrió una ventana por donde entró la claridad que necesitaba para entender lo que realmente me movía y cómo podía ofrecérselo al mundo.
En febrero di el siguiente salto: me inscribí al programa de reorientación profesional de Carreras Científicas Alternativas, destinado a científicos que desean reinventarse profesionalmente. Cuatro meses de trabajo meticuloso que resultaron en un sólido plan de carrera diseñado en base a mis competencias, intereses y valores, acompañado de valiosas herramientas para ir adaptando el plan a las circunstancias y hacerlo evolucionar. Eso ha sido gracias, por una parte, a la profundidad estratégica y al vastísimo conocimiento del mercado laboral para científicos por parte de su fundador, Manolo Castellano. Y por otra parte, a la impresionante habilidad que María Fàbregas tiene para aunar dos impulsos aparentemente opuestos: la consciencia de una realidad cada vez más compleja y competitiva, y la motivación para enfrentarse a ésta con eficacia.


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