¡Ay, las bajas laborales, ese tema en que ahora parece obligado posicionarse en un bando!
¿Y si en vez de acusar a unos de aprovechados, o a otros de insolidarios, buscáramos soluciones de manera objetiva y sosegada?
Empecemos por aquello en lo que estamos de acuerdo.
Nadie niega la existencia de las enfermedades incapacitantes ni de los accidentes graves. También es indudable el perjuicio económico a la empresa ocasionado por cada empleado que no asiste a su puesto, independientemente de si la ausencia está justificada o no. Pueden variar los números si se ajusta la ley o se controla al empleado, pero los problemas reales no van a desaparecer.
Lo que sí puede hacer la empresa es gestionar esa realidad para mitigar sus consecuencias. En concreto, considerar los riesgos asociados a las bajas y preparar pequeños planes de contingencia. Muchas veces no hace falta complicarse: a veces basta con introducir cierta flexibilidad en los plazos internos al diseñar el cronograma del proyecto, o que cada empleado tome pequeñas notas sobre sus tareas más importantes y las comparta con quienes podrían reemplazarle en caso necesario.
Ya sé que hay objeciones. Algunos dirán que eso está muy bien para una empresa grande, pero que en los equipos pequeños es más difícil sustituir al empleado o redistribuir su trabajo, especialmente si se trata de una persona experta en su campo. También habrá quienes argumenten que sí hay una parte del problema que puede eliminarse: el caso del empleado que pide una baja innecesaria por molestias leves, o que incluso (dicen ellos) finja una enfermedad.
La respuesta a tales objeciones está en la gestión humana. Si la persona que lidera, coordina o gestiona el trabajo en equipo es capaz de mantener motivados a sus miembros, nadie va a querer escaquearse. Si se sienten parte de un proyecto importante, no solo para la empresa o la sociedad sino también para el propio desarrollo personal de cada uno, harán todo lo posible por que todo siga funcionando, incluso cuando no se sienten bien del todo. Y cuando realmente no les sea posible trabajar, la empresa tendrá dos salvavidas excelentes: la buena comunicación interna, y el buen ambiente laboral. Si entre ellos se entienden bien, será mucho más fácil aunar esfuerzos para seguir sacando adelante el proyecto.
En el caso de los proyectos de I+D+i, se vuelve crucial entender qué mueve por dentro a las personas que han dedicado tanto tiempo y esfuerzo a hacerse expertas en una dura disciplina, para entregarse al desarrollo de un producto. Y puedo decir, por propia experiencia, que lo que más les motiva no es precisamente recibir un sueldo a cambio de cumplir una función en un horario determinado; necesitan mucho más.


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