¿Puede ser la IA realmente creativa?

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Dudo mucho que la IA generativa pueda alcanzar el máximo nivel de creatividad al que es capaz de llegar la mente humana.

Al menos, para lo que hoy en día entendemos por inteligencia artificial generativa, basada en estimaciones probabilísticas. No se trata de los límites de potencia de cálculo o de memoria de contexto, que se van superando día tras día, sino a limitaciones del propio concepto de IA generativa.

Los grandes modelos de lenguaje ya son capaces de componer textos de extraordinaria calidad, pudiendo inventar ficciones que nunca nadie ha imaginado. Los motores de generación de imágenes pueden crear paisajes que no existen y con aspecto más realista de lo que podría hacer cualquier artista humano.

Pero no pueden crear un estilo artístico verdaderamente nuevo. Es imposible.

La creatividad de estas máquinas es meramente exploratoria y combinatoria. Los resultados que generan son totalmente nuevos en apariencia, pero no en el fondo.

Ojo: no es que los resultados generados por estas IAs sean simples combinaciones de elementos con que se han entrenado o que han buscado en internet; es mucho más complejo. Los modelos “aprenden” cómo se genera y estructura la información humana mediante una función matemática con miles de millones de parámetros que van ajustándose y afinándose a medida que se les va entrenando; luego se utiliza el “conocimiento” almacenado dentro de esa función para construir las distribuciones de probabilidad con las que elaboran las respuestas. En términos más humanos, solo se pueden “inspirar” en información existente.

Sin embargo, la verdadera genialidad creativa del humano va más allá: es rompedora y transformadora. Encuentra la belleza de lo raro, y a partir de ello inventa algo completamente inesperado. Y eso lo diferencia de cualquier material generado de forma probabilística.

La figura que incluyo es parte de un preprint publicado el mes pasado en ArXiv, con el sugerente título “SlopShape: Identifying AI-Generated Commercial Web Content”. Es un estudio pequeño, restringido al análisis de un tipo concreto de texto, pero es muy ilustrativo de lo que aquí argumento. La figura representa la distribución de valores de una métrica, que el autor denomina “rareza estructural”, que evalúa cómo de infrecuente es la forma que tiene un texto de hilar las ideas y estructurar los argumentos.

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